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La demanda social
relacionada con el turismo temático de calidad Ligado al
Patrimonio Histórico y Natural está aumentando considerablemente,
en consonancia con un público cada vez más motivado
y predispuesto a destinar su tiempo de ocio al conocimiento del
"territorio". Por ello le proponemos que se acerque al
Patrimonio Cultural de Adra a través de un cómodo
paseo a pie. Tendrá La oportunidad de iniciar el recorrido
en el Yacimiento arqueológico del Cerro de Montecristo (s.
VIII a.C.), y finalizar en la Fundición de plomo de San Andrés
(s. XIX), interesante ejemplo de arqueología industrial.
El yacimiento
arqueológico Cerro de Montecristo está incoado como
Bien de Interés Cultural, máxima figura de protección
contemplada en la Ley de Patrimonio Histórico Andaluz. Es
una elevación natural de 49,38 metros de altitud sobre el
nivel del mar, donde se asentó la población de Abdera.
Numerosas reseñas
literarias de la antigüedad hacen alusión a ella: Estrabón
menciona Abdera cuando realiza la descripción de la costa
sur del. Mediterráneo, aclarando que se trata de una fundación
fenicia, al igual que Sexi (Almuñécar). Del mismo
modo, P. Mela y Plinto se refieren a Abdera, junto con otras ciudades
de la costa sur peninsular.
Se han realizado
diferentes intervenciones arqueológicas en el Cerro de Montecristo,
la primera se remonta al año 1970, cuando vieron la luz estructuras
de casas de época púnica, cuya cronología se
aproximaba al siglo IV a.C, así como materiales y restos
de época republicana romana, altoimperial y bajoimperial,
fundamentalmente de balsas de salazón.
En el año
1986 una nueva excavación arqueológica puso de manifiesto
el potencial arqueológico del yacimiento, y en ella se documentó
una fase más antigua, de ocupación fenicia.
En la actualidad,
de Abdera conocemos que es una fundación fenicia de finales
del siglo VIII a.C., que reproduce una situación habitual
del urbanismo fenicio: en la desembocadura del río Adra (o
río Grande), sobre un cerro elevado proyectado hacia el mar,
dominando el estuario del río.
Habitada la
ciudad, posteriormente por los romanos, detentó gran importancia
en el Mediterráneo central y oriental, sobre todo por la
comercialización del "garum" y salazones de pescado.
La fisonomía del Cerro está muy alterada por los trabajos
de desmonte y abancalamiento para el aprovechamiento agrícola.
En La actualidad se trabaja para la recuperación y valorización
del yacimiento.
El tránsito
de la antigüedad a la época medieval sigue arrojando
grandes interrogantes, si bien fuentes escritas mencionan que el
obispo de Abdera acudió al Concilio de Sevilla convocado
por San Leandro en el año 590. Sin lugar a dudas, esta referencia,
manifiesta que existió poblamiento hasta al menos el siglo
VI d.C., y que Abdera continuó detentando cierta importancia
al contar con sede episcopal.
En el siglo
XI el geógrafo árabe El Idrisi se refiere a Adra como
la sucesora de la Abdera púnica, si bien la población
en época hispanomusulmana se concentró en La Alquería
o Adra la Vieja, forzada por las frecuentes incursiones de piratas
que asolaban las costas mediterráneas.
En el año
1505, bajo el reinado de doña Juana I de Castilla, se edifican
los Torreones y lienzos de muralla que configuran el recinto fortificado
de Adra, destinado a la protección y defensa de la población,
tanto de los ataques de piratas y berberiscos, como, accidentalmente,
de la población morisca que habitaba en el interior de la
Alpujarra.
Constructivamente,
la muralla estaba realizada con mampostería y tapial. La
imagen actual es debida a las profundas remodelaciones a las que
se ha visto sometida.
Tenemos constancia
de la existencia de dos puertas en el perímetro amurallado:
La Puerta del Mar (Plaza del Ayuntamiento) y otra situada en la
Plaza Vieja (Plaza Ortiz de Villajos).
Las murallas
fueron derribadas en su mayor parte en 1839, como consecuencia de
la expansión urbana de la dudad.
Conocemos a
través de las fuentes escritas la ubicación del castillo
de Adra en las inmediaciones de la Plaza Ortiz de Villajos, si bien,
no queda ningún resto visible del mismo. Igualmente, los
textos nos informan de cómo Boabdil (último monarca
nazarí) partió a Marruecos desde la costa abderitana,
para, desde allí, dirigirse a Fez.
A partir del
siglo XVI y, sobre todo en el siglo XVII, asistimos a un significativo
aumento demográfico en Adra, quizá el más espectacular
de la provincia de Almería, prácticamente despoblada
como consecuencia de la expulsión de los moriscos del reino
de Granada. Este aumento poblacional se debió a la introducción
y producción de la caña de azúcar, iniciándose
pronto las exportaciones de este producto a Génova y otros
puertos del Mediterráneo.
El crecimiento
demográfico y económico experimentado en Adra motivó
sucesivas ampliaciones en la Iglesia de la Inmaculada Concepción
de Adra (s. XVI-XVIII), hasta configurar su imagen actual en tres
naves.
Edificada en
1530 y dispuesta en una sola nave, la Iglesia de Santa María
de la Encarnación de Adra, nombre original, pasó a
llamarse a principios del siglo XIX, de la Inmaculada Concepción.
El inmueble
ha sido objeto de importantes remodelaciones, como consecuencia
de las incursiones berberiscas y ataques moriscos. En su interior
destaca la talla barroca del Cristo de la Expiración, atribuida
al escultor granadino Alonso de Mena y Escalante, realizada en 1623.
Otra muestra
de arquitectura religiosa es la Ermita de San Sebastián (s.
XVII-XVIII), incluida en la delimitación del Bien de Interés
Cultural del Cerro de Montecristo. Se trata de un edificio de planta
de cruz latina, construido en 1680 y reedificado en 1751. En su
interior se hallan importantes restos romanos pertenecientes a factorías
de salazones.
Igualmente,
se documentaron en una intervención arqueológica numerosas
lápidas de carácter funerario con inscripciones latinas.
Esto podría
suponer que el cementerio de la ciudad en época romana se
situara en las inmediaciones de la ermita, aunque es algo que por
el. momento está sin confirmar arqueológicamente.
La imagen de San Nicolás de Tolentino (patrón de Adra)
se venera en su interior.
Interesantes
ejemplos de edificaciones civiles correspondientes al siglo XVIII
son las Casas Barrocas, construidas por los Gnecco, familia de origen
genovés que se instaló en Adra para desarrollar una
importante actividad comercial. El escudo de armas de la fachada
alude al prestigio de sus propietarios. La vivienda está
organizada en torno a un patio central porticado, con dos plantas
y cubierta a dos aguas. La planta inferior estaba destinada a servicios
(cuadras o almacenes) y la superior a vivienda.
La explotación
y comercialización minera de la próxima Sierra de
Gádor, se remonta a época fenicia y romana, si bien
será a partir de las reformas introducidas por el rey Carlos
III, con la creación de La Dirección General de Minas,
cuando se sientan las bases de la expansión minera que se
producirá a lo largo del siglo XIX.
En 1822, una
familia inglesa construye en Adra la fábrica de "Rein
y Cía", introduciendo, en el año 1827, una de
las primeras máquinas de vapor instaladas en España.
Tras la quiebra
de la compañía. La adquiere el malagueño Manuel
Agustín Heredia en 1837, que dotó a la Fundición
de Plomo de San Andrés de la tecnología metalúrgica
más avanzada de la época.
Actualmente,
del complejo minero de San Andrés se conserva la Fábrica
del Vinagre, recientemente restaurada y destinada a albergar exposiciones,
y la Torre de los Perdigones, obra de ingeniería, de 45 m.
de altura, considerada como la imagen "emblemática"
de la ciudad.
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Las
albuferas de Adra |
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Entorno
natural |
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En
el delta del río Adra se localiza un humedal considerado
internacionalmente de alta importancia ecológica. Es
el de las Albuferas de Adra.
El origen
de las mismas fue ocasionado por el aislamiento de bahías
litorales que se cerraron al mar por aportes sedimentarios,
formándose así lagunas costeras. El último
proceso se llevo a cabo en el presente siglo, dando lugar a
la Albufera Nueva. Las
características salobres de sus aguas han originado una
comunidad de plantas acuáticas que, aunque hoy en día
bastante empobrecida, presenta a Najas marina y Potamogetón
pectinatus como especies más representativas. Entre la
vegetación palustre que emerge, cerrando a las charcas
en todo su perímetro, la planta omnipresente es el Carrizo,
estando acompañada por la Juncia basta, la Enea y la
Castañuela en las zonas aledañas al agua; y por
los Juncos, la Cañavera y el Taray en las periféricas.
En las aguas
también podemos encontrarnos peces como el Pejerrey o
el Fartet (éste último endémico y en peligro
de extinción) y reptiles como el Galápago leproso
y la Culebra de agua. Entre la vegetación palustre y
con un poco de paciencia se puede observar a la Ranita meridional,
la Culebra de escalera o la Comadreja.
No
obstante, son las aves (con más de 140 especies identificadas)
las que le dan la mayor calidad ecológica al medio. Entre
las propias de carrizal se puede detectar al Ruiseñor
bastardo, a los Carriceros común y tordal, al Pájaro
moscón o al Escribano palustre. Y alimentándose
en el espacio aéreo al Vencejo común, a la Golondrina
común y al Avión zapador. Pero las que destacan
en importancia son las aves acuáticas. Entre ellas vemos
al Somormujo lavanco, a la Focha común, al Anade azulón
y, destacando, a la Malvasía cabeciblanca. Este último
pato buceador, amenazado mundialmente, utiliza en la actualidad
a las Albuferas como principal zona europea para su invernada
y reproducción.
Por
último y para terminar, debemos mencionar la acción
que el hombre ha ejercido sobre el paraje. El uso agrícola
de las tierras del delta donde se ubican las lagunas, ha traído
como consecuencia la degradación progresiva de la zona
húmeda desde antaño, quedando reducida a dos lagunas
principales rodeadas de estrechos cinturones palustres. En la
actualidad, los residuos agrícolas originados por los
cultivos bajo plástico han venido a agravar su situación
ambiental, aportando contaminantes al agua que disminuyen la
calidad del medio. |
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La
Ruta |
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Dar
a conocer al visitante la gran importancia ecológica que
presenta la Reserva Natural de las Albuferas de Adra, es uno de
los principales objetivos que se pretenden llevar a cabo con la
realización de este itinerario.
Para
llegar al punto de partida, tomamos la N-340 en el tramo Puente
del Río (Adra)-Balanegra (Berja), donde existe un cartel
de señalización oficial de Reserva Natural (entre
el kilómetro 395 y el 396). Una vez allí, andamos
en dirección a Balanegra unos 50 m, hasta llegara al primer
camino ascendente en el margen norte de la carretera general. Subiendo
por esta vía hasta la llanura superior, obtenemos una óptima
panorámica del complejo natural.
Volviendo
sobre nuestros pasos al cartel indicativo inicial, descendemos por
el camino hasta llegar a una puerta existente en la valla metálica
que rodea a la albufera Nueva, acceso que nos conducirá a
la caseta de observación, previa obtención de permiso
oficial. Dentro de la "Casa de matas" podemos contemplar
una perspectiva de la laguna Nueva y sus aves acuáticas.
Este es uno de los puntos de observación permitidos al público,
que más nos acerca al ambiente lacustre, ya que para acceder
al mismo tendremos que atravesar un tramo de espesa vegetación
palustre.
Volviendo
hasta la antigua Nacional, nos dirigimos esta vez en dirección
a Adra, subiendo por un camino secundario en cuesta, nuevamente
en el margen norte de la carretera. Entonces llegamos a unas casas
aisladas desde donde podemos visualizar en primer plano la otra
laguna principal de las Albuferas, la Honda y su entorno, finalizando
aquí nuestra ruta.
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Ficha
Técnica |
1.
Época recomendable de visita: Todo el año.
2. Kilómetros del recorrido: 3,5.
3. Duración del recorrido: 3 horas.
4. Medio(s) de locomoción: Con vehículo (bicicleta,
motocicleta, automóvil) y a pie.
5. Calzado y ropa recomendables: Sin especificar.
6. Otras recomendaciones: Es obligatorio obtener permiso de visita
de la Consejería de Medio Ambiente (Junta de Andalucía).
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La
Costa |
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El
Entorno Natural |
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Adra
se encuentra situada en las estribaciones de la Baja Alpujarra,
a orillas del Mar Mediterráneo. Este marco estratégico
le ha conferido, desde siempre, gran importancia histórica.
Asimismo, la riqueza y calidad de sus aguas marinas han sido,
reiteradamente, focos de atracción para el hombre por
motivos diversos: comercio, pesca, turismo, etc...
En
la franja litoral abderitana predomina, a lo largo de toda
su extensión, la playa arenosa, si bien existen ciertos
puntos donde los montes de la Contraviesa se abaten al mar.
En ellos, localizados principalmente en el extremo oeste del
municipio, se dan formaciones rocosas como acantilados, islotes
y fondos pedregosos costeros.
Desde
el punto de vista ecológico, mientras que en el medio
supralitoral (terrestre) existen plantas características
y adaptadas al ámbito salino reinante, como la Margarita
de mar, el Perejil de mar o el Salado, es en los hábitats
meso (rompeolas) e infralitoral (subacuático) donde
se puede observar la mayor diversidad florística. En
los fondos arenosos se localizan, puntualmente, praderas marinas
de Posidonia, siendo los rocosos ocupados por gran variedad
de algas rojas, pardas o verdes.
En
el ámbito terrestre arenoso (playa), se pueden observar
las gaviotas (como Gaviotas patiamarilla, reidora o de Audouin)
y las aves limícolas que descansan o se alimentan en
las zonas más tranquilas, siendo los puntos rocosos,
el entorno propicio para encontrar a las salamanquesas (común
y rosada) o al Avión roquero.
Bajo
las cristalinas aguas de nuestro litoral también podemos
observar una rica y variada comunidad animal. Varias especies
de estrellas de mar, erizos, crustáceos, moluscos,
peces (como Meros, Doncellas, etc...) e incluso delfines,
conforman, entre otras, la composición zoológica
de los fondos.
El
óptimo estado de conservación de la costa, avalado
por el distintivo europeo de "Bandera Azul", no
obstante, puede verse hoy en día amenazado si no somos
conscientes de que su ecosistema presenta una fragilidad altamente
sensible a la acción humana, La sobreexplotación
pesquera y la contaminación del agua y playa por residuos
y vertidos incontrolados, podrían inferir negativamente
en la calidad ecológica de nuestro saludable litoral.
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La
Ruta |
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Nada
mejor para conocer nuestra costa que realizar un paseo por su accidentado
tramo occidental.
Se
inicia nuestro itinerario en la orilla del pequeño delta
formado por el Barranco de Períano, entre el kilómetro
385 y el 386 de la N-340. en el intervalo de Adra a La Rábita.
A partir de aquí, nuestro camino recorre una amplia playa
arenosa, pasando por el Lance de la Virgen hasta llegar al delta
de la Rambla de Guainos. En este tramo, y puntualmente, se localizan
roqueos marinos como los del Peñón del Cartujo, peñones
del Lance de la Virgen, de Guainos Bajos y de Calajunco, estos últimos
de difícil transitabilidad. La presencia de dichas formaciones,
inmersas en transparentes aguas, invitan al baño y al buceo
para la observación de su rica y diversa flora y fauna sumergidas.
Pasando
Guainos Bajos los roqueos destacan en extensión, dando origen
a zonas de costa más escarpada.
Si
sorteamos estos abruptos perfiles, iremos llegando poco a poco al
delta de la Rambla de la Alcazaba, donde volvemos a encontrarnos
con playas arenosas. En este lugar finaliza nuestro recorrido por
las singulares y poco alteradas orillas del litoral abderitano.
La
costa, vigilada desde antaño por la mirada de la Torre Vigía
de Guaiños (S. XIII-XV), presenta singulares imágenes
dignas de contemplar: núcleos de pequeñas casas de
pescadores con sus barcas arribadas en la orilla, canalizaciones
de agua colgadas desde antaño en los lugares más escarpados,
y tranquilas ensenadas donde poder observar los bandos de gaviotas
reposando o a los hombres de mar en su tarea habitual del arte de
la pesca.
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Ficha Técnica |
- Época
recomendable de visita: Verano.
- Kilómetros
del recorrido: 4,5.
- Duración
del recorrido: 3 horas y media.
- Medio(s)
de locomoción: A pie.
- Calzado
y ropa recomendables: Calzado ligero, ropa de baño, toalla
y gorra.
- Otras recomendaciones:
Llevar material y equipación de buceo
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La
Parra |
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El
Entorno Natural |
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La
mayor parte del municipio abderitano lo integran las últimas
formaciones montañosas sudorientales de la Sierra de
la Contraviesa. Sus laderas, desde el punto de vista ecológico,
estaban ocupadas originalmente en sus extremos más
altos por el bosque mediterráneo correspondiente al
encinar. Sin embargo, desde tiempos históricos, este
clímax se ha visto degradado progresivamente por la
acción antrópica en la zona, dando como consecuencia
otras comunidades vegetales distintas a la ancestral.
Hoy
en día, el encinar, aunque prácticamente desaparecido,
presenta ciertos puntos relícticos dispersos por el
entorno, en los que aún podemos observar formaciones
arbóreas dominadas por la Encina, y representadas también
por arbustos como el Lentisco, el Enebro y el Torvisco. Su
vegetación, adaptada a la sequía ambiental,
está poblada por una rica comunidad animal compuesta,
por ejemplo, por el Sapo común, el Abejaruco, la Curruca
mirlona o la Gineta. La degradación de este ecosistema
conlleva la pérdida de suelo y la aparición
posterior de formaciones vegetales como los retamales y los
matorrales seriales, ampliamente distribuidos por el municipio.
En ellos se encuentran, entre otras, la Retama, la Aulaga,
la Bolina y el Romero, formando tupidas masas. Entre estos
arbustos se alimentan la Culebra bastarda, la Perdiz común,
el Águila perdicera, el Conejo y la Cabra montés.
En
las zonas más degradadas, la pérdida de tierra
por erosión hace que en ellas solo se encuentren espártales,
tomillares y pastizales, donde el Esparto, los tomillos y
diversas especies nitrófilas conforman la cobertura
vegetal. En estas áreas podemos detectar animales adaptados
a espacios abiertos como la Lagartija colilarga y la Cogujada
montesina.
Pese
a existir áreas bien conservadas, la tala abusiva,
la quema incontrolada, el excesivo pastoreo y el uso de leña
para las fundiciones de plomo, han sido, entre otros, los
principales motivos que han ocasionado la pérdida y
el empobrecimiento de los valores originales del entorno en
algunas zonas, originando en ellas un proceso de degradación
muy avanzado.
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La
Ruta |
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En
el itinerario que vamos a realizar se pretenden mostrar los restos
supervivientes del encinar, así como las distintas comunidades
ecológicas resultantes de su degradación.
En
el punto kilométrico 386 de la N-340 próxima a Adra,
a la altura del camping las Gaviotas, iniciamos la ruta en el desvío
de la comarcal que lleva a La Parra.
El
inicio del ascenso está dominado por la agricultura bajo
plástico hasta las proximidades del Cortijo del Manco. A
partir de aquí, la presencia humana disminuye, dando paso
a formaciones vegetales de origen natural. En los aledaños
del citado cortijo podemos observar sobre suelos degradados, tomillares
y pastizales nitrófilos que van a seguir apareciendo pasado
el Barranco de Periano. Desde aquí, y en terrenos de mayor
sustrato, comienzan a asentarse los primeros espártales.
Tras
recorrer unos 3 km. y el vertedero municipal, seguimos subiendo
hasta las laderas orientadas hacia la Rambla de Guainos, donde se
observa una panorámica general del entorno, con vistas del
promontorio del "Diente de la Vieja" en el Calar y de
varias cortijadas. Este es el momento en el que, de forma esporádica,
comienzan a aparecer matorrales seriales en suelos mejor conservados,
dando lugar en alturas superiores a formaciones más tupidas.
Siguiendo
por la carretera comarcal y en las proximidades de la cortijada
de La Parra, se hacen más patentes los cultivos de almendros,
alternados con la vegetación espontánea de romerales,
aulagares y retamales. Situados en la cortijada, dejamos el vehículo
y tomamos la vereda descendente que comienza tras las últimas
casas. Al inicio de este trayecto a pie nos encontramos con una
de las pocas encinas centenarias relícticas que quedan en
el lugar, símbolo de lo que fue nuestro antiguo bosque. Si
seguimos caminando por el sendero que nos conduce a la Fuente de
La Parra, retornaremos de nuevo a la carretera comarcal. En las
laderas que quedan a esta altura se pueden apreciar varias manchas
de chaparral (encinar joven) sobre suelos profundos bien conservados.
Tras
volver a la cortijada y observar la arquitectura popular alpujarreña,
seguiremos el trayecto en vehículo hasta la Ermita de San
Isidro (S. XVIII) en el Barranco Almerín, de este modo pasaremos
al oeste de la Rambla de Guainos. En las inmediaciones de la ermita
se celebra, el domingo más próximo al 15 de mayo,
la fiesta popular que le da su nombre.
Descendiendo
por las vertientes opuestas de la rambla y al pasar por varias cortijadas,
como los Pérez y el Caparrillo, observamos, dominando el
paisaje sobre balates y paratas, cultivos de almendro con manchas
dispersas de vegetación autóctona (chaparrales, matorrales,
etc...). Conforme seguimos el descenso, paulatinamente volvemos
a encontrarnos con suelos cada vez más degradados, asociados
a poblaciones vegetales y animales progresivamente más empobrecidas.
En alturas menores, los tomillares y los pastizales reaparecen dominando
el paisaje. Es aquí, y sobre un promontorio, donde se observa
un antiguo torreón vigía conocido como la Torre de
Guainos, construida desde el S. XIII para la prevención de
incursiones y ataques de navíos hostiles. A partir de este
lugar, la influencia marina se vuelve a hacer patente en el medio,
reapareciendo de nuevo los cultivos bajo plástico.
El
trayecto finaliza en el enlace de la comarcal con la N-340 contiguo
a Guainos Bajos
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Ficha
Técnica |
- Época
recomendable de visita: Primavera-Verano.
- Kilómetros
del recorrido: 20.
- Duración
del recorrido: 6 horas.
- Medio(s)
de locomoción: Con vehículo (bicicleta montaña,
moto, coche) y a pie.
- Calzado
y ropa recomendables: Calzado resistente a suelo pedregoso.
- Otras recomendaciones:
Sin especifica
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La
Rambla de Guainos |
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El
Entorno Natural |
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La
rambla que nace en el municipio de Turón y desemboca
en la playa de Guainos Bajos, es una de las de mayor extensión
de Adra.
Ésta,
como otras ramblas, presenta unas características ecológicas
particulares, marcadas principalmente por la inestabilidad
e irregularidad en su caudal de agua. Ello conlleva una alternancia
de fases con mayor o menor humedad, siendo la predominante
la de sequía y quedando la húmeda reducida a
cortos intervalos invernales donde las lluvias originan, a
veces, avenidas más o menos torrenciales.
Este
carácter estacional presenta asociada una composición
florística particular, dominada por la Adelfa y el
Taray, apareciendo en las zonas de mayor suelo y/o humedad
también la Zarzamora, el Álamo blanco, el Falso
junco y los Sauces.
Ligada
a la gran variedad botánica existente, la fauna es
igualmente rica, ya que la rambla actúa a modo de "foco
arterial" originario de la biodiversidad del entorno
semiárido, por la presencia de agua. Las especies que
destacan son el Sapo corredor, el Lagarto ocelado, el Búho
real, el Avión roquero y el Jabalí.
Los
recursos naturales asociados a la rambla, también han
atraído desde antaño al hombre, que la ha utilizado
como fuente de riqueza, cultivando sus márgenes, aprovechando
sus aguas para usos múltiples y utilizándola,
además, como vía de comunicación.
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La
Ruta |
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A
lo largo de este itinerario, vamos a conocer las características
naturales de una rambla mediterránea.
Comenzamos
el camino en la carretera comarcal que enlaza La Parra con el Barranco
Almerín, a la altura de la intersección de ésta
con el cauce de la rambla. Se accede al punto tomando la comarcal
en el kilómetro 386 de la N-340, próximo al camping
Las Gaviotas. Proseguimos la ruta descendiendo el barranco en un
intervalo de cauce ensanchado, que da lugar a su aprovechamiento
para cultivos de regadío junto a Sauces, Granados y algunos
ejemplares aislados de Álamos.
Paulatinamente
vemos como se va estrechando la rambla, hasta llegar a momentos
donde se originan angostas gargantas que incluso dificultan el paso
de transeúntes.
Tras
recorrer las cerradas, el visitante vuelve a contemplar como el
paisaje se abre, dando lugar nuevamente a un tramo con frescas alamedas,
acequias y huertos tradicionales. Entre los cultivos descubrimos
unas canalizaciones que nos conducen a un antiguo molino de agua,
hoy en desuso.
Al
pasar unas curvas del barranco, nos adentramos en otro estrechamiento
en el que existen puntos dispersos donde aflora alegremente el agua,
dando lugar a una explosión de vida caracterizada por vegetación
de ribera (Falso junco, Menta, Culantrillo y otros helechos, etc...)
y fauna acuática asociada (Zapateros, Chinches acuáticos,
Ranas comunes, etc...).
Tras
recorrer unos metros llegamos a la hoy desaparecida Huerta, donde
podemos admirar la espectacular talla de La Pedriza, en la vertiente
oeste de la rambla.
En
el descenso, y a lo largo de todo el camino, discurre nuevamente
un sistema de acequias excavado en la piedra, que recoge y canaliza
el agua dirigiéndola hacia varias huertas y molinos harineros,
que aunque abandonados, aún se resisten a desaparecer.
Continuando
el trayecto barranco abajo, nos adentramos nuevamente en un cerrado
pasillo conocido popularmente como las Estrechuras de Guainos. Esta
galería, excavada por el agua en la roca madre con el paso
de los siglos, provoca el asombro de los transeúntes por
su singularidad y belleza.
La
angostura acaba abriéndose nuevamente en su punto más
bajo, dando lugar al último tramo abierto. A partir de este
momento, el hombre vuelve a hacer acto de presencia, con casas habitadas
y cultivos, esta vez bajo plástico. Manifestación
que se hace más patente en el núcleo de Guainos Altos,
donde aún perduran construcciones de arquitectura popular
de la Baja Alpujarra.
El
final del itinerario se completa con un trayecto entre invernaderos,
hasta desembocar al mar en el pequeño delta originado por
la rambla.
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Ficha
Técnica |
1.
Época recomendable de visita: Todo el año.
2. Kilómetros del recorrido: 8.
3. Duración del recorrido: 5 horas.
4. Medio(s) de locomoción: A pie.
5. Calzado y ropa recomendables: Calzado adaptado a suelo pedregoso.
6. Otras recomendaciones: Hay diversas gargantas difíciles
de atravesar, por lo que es necesario un mínimo de precaución
principalmente con los menores de edad.
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El
Rio de Adra |
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El
Entorno Natural |
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En
Adra se encuentra la desembocadura de un gran río que
viene de las montañas de Solair (Sierra Nevada), recibiendo
las aguas de Berja y otras comarcas, y se arroja al mar"
(Mohamed-al-Edrisi, geógrafo árabe del siglo
I).
Este
cauce fluvial, próximo a la localidad abderitana, presenta
un curso permanente de agua durante todo el año, dándole
un carácter excepcional en el árido sudeste
ibérico. En el tramo bajo, la constancia de su caudal
y la formación de un amplio y fértil delta,
fueron determinantes para que en él se dispusieran
asentamientos fenicios, romanos, musulmanes, etc..., en un
período que abarca desde el S. VIII a. C. hasta nuestros
días.
El característico
ambiente del hábitat, donde la presencia de agua destaca
como factor regulador, trae asociada una vegetación
propia
de medios riparios (galería de río). Ésta
actúa como un "oasis" de vida dentro del
ambiente seco reinante en la región. La comunidad botánica
original, en este caso, estaba representada por plantas de
ribera como el Álamo blanco, que daba lugar a extensas
formaciones, el Chopo, el Taray y los Sauces.
Dicha
composición, no obstante, hoy en día ha sido
desplazada por la Cañavera. La gramínea, de
origen oriental e introducida por el hombre en siglos anteriores,
en la actualidad ocupa la mayor extensión del lecho.
La gran diversidad vegetal que ofrece el medio se completa
con otras especies como la Juncia, la Madreselva, la Zarzamora
o la Enea.
Con respecto
a su fauna, cabe señalar que ligadas a la óptima
calidad del agua se presentan especies características
como el Escarabajo acuático, el Fartet (pez endémico
en peligro de extinción), la Culebra de agua y la Rata
de agua. Además, entre la vegetación riparia
se puede observar una gran diversidad zoológica. Los
caballitos del diablo, la Ranita meridional, la Oropéndola,
el Ruiseñor común y el Lirón careto,
son algunas de las especies más características
del biotopo.
Para completar
la descripción del medio es necesario mencionar que
la gran riqueza y fertilidad de su ecosistema, ha dado lugar
al uso del mismo por parte del hombre desde tiempos pasados,
incluso llevando a cabo desvíos artificiales del lecho.
La red de acequias y balsas para riego, los molinos harineros,
los cultivos de regadío abancalados y la arquitectura
tradicional alpujarreña, son ejemplos de una presencia
antrópica desde siempre en equilibrio con el entorno
natural. No obstante, hoy en día, el uso masivo de
agua y tierras de labranza, han empobrecido enormemente el
medio, dando lugar incluso a la desecación completa
del lecho.
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La
Ruta |
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Vamos a descubrir
los valores naturales del ambiente ripario, realizando el recorrido
por un intervalo de su curso.
Para acceder
a la ruta que se pretende realizar, comenzamos tomando la carretera
comarcal de acceso a La Alquería desde la N-340 en el margen
este de Adra (entre los puntos kilométricos 389 y 390). Una
vez llegado al punto donde se coge el desvío de bajada a
la antigua barriada de Majaroba, habiendo pasado La Alquería
y ya en el término municipal de Berja, iniciamos nuestra
andadura.
A partir de
aquí y a pie, bajamos por el camino de acceso al lecho hasta
llegar al margen del río, donde podemos observar un viejo
puente colgante abandonado. Siguiendo el sendero nos acercamos a
visitar Majaroba, con edificaciones de arquitectura popular y cultivos
tradicionales de regadío. Desde su situación panorámica
obtenemos una visión abierta del valle.
Volviendo sobre
nuestros pasos hasta llegar nuevamente a orillas del cauce, lo acompañamos
en su descenso por el margen izquierdo. Metros más abajo,
cruzamos el caudal hasta la orilla opuesta. A continuación,
el trayecto estará dominado, siempre siguiendo el camino,
por los sucesivos cambios de margen de río.
Bajando entre
la tupida vegetación de Cañas y Álamos alternando
con huertas de labranza, nos acercamos hasta una zona donde el curso
se dirige hacia el Este, en las inmediaciones del cortijo de Potriles.
En el mencionado tramo se impone la vegetación natural, siendo
la presencia humana en él, actualmente mínima. Este
es el intervalo donde tenemos la ocasión de poder observar
la mayor diversidad ecológica de la ruta.
Tras recorrer
el trayecto mejor conservado, paulatinamente vemos como el río
va perdiendo parte de su caudal por canalización del agua
para riego. Ello coincide con un empobrecimiento ambiental del medio.
A partir de la confluencia de Río Chico con el lecho principal,
la degradación se hace más patente y vuelven a aparecer
los cultivos, en este caso mayoritariamente bajo plástico.
El agua en el cauce desaparece, ya por completo, metros más
abajo. Discurriendo en bajada por su lecho seco nos acercamos a
La Alquería, antigua Adra La Vieja que en época musulmana
acogía a la principal población de nuestra villa.
En esta barriada se conserva una iglesia del S. XVI (reedificada
en el S. XVIII) y entre sus callejuelas otra muestra de arquitectura
popular alpujarreña. En el lugar, aunque dominan los cultivos
de invernadero, aún podemos ver el laboreo realizado por
bestias de tiro.
Siguiendo la
bajada hasta el final del itinerario en la Cuesta del Borrego, se
observan, en el margen derecho del cauce, los últimos supervivientes
de la amplia alameda que constituía la galería de
río original.
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Ficha
Técnica |
1.
Época recomendable de visita: Primavera-Verano.
2. Kilómetros del recorrido: 6,5.
3. Duración del recorrido: 4 horas.
4. Medio(s) de locomoción: A pie.
5. Calzado y ropa recomendables: Calzado resistente al agua y pantalón
corto.
6. Otras recomendaciones: Sin especificar
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Los
Humedales del Poniente Almeriense |
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Entorno
natural |
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A pesar de que
el sureste peninsular se enmarca en una región de clima semiárido,
en el Poniente Alménense podemos encontrar un rosario de
humedales, que le confieren a la zona una alta y singular importancia
para las aves que los utilizan como áreas de descanso en
sus rutas migratorias, núcleos de reproducción o localidades
de invernada.
Dependiendo
de sus características ecológicas, existen dos tipos
de zonas húmedas diferenciadas según la profundidad
y la salinidad de sus aguas.
Así,
las Albuferas de Adra y la Cañada de las Norias, de aguas
profundas, permanentes y con una baja concentración en sales,
presentan, ambas, cinturones de vegetación palustre (Carrizo,
Enea, Juncos, etc...) que rodean en su totalidad a las láminas
de agua. Mientras que las Salinas de Guardias Viejas, los Charcones
de Entinas-Sabinar y las Salinas de Cerrillos, de aguas someras,
salinas y con fluctuaciones estacionales, se caracterizan por poseer
franjas de vegetación palustre únicamente en sus extremos
donde reciben el aporte de agua dulce, estando el resto de los márgenes
de las mismas cubiertos por la comunidad botánica de saladar
(Sosa alacranera, Siempreviva, Frankenia corimbosa, Jopo de lobo,
etc...). En los Charcones de Entinas-Sabinar, además, rodeando
el borde sur del saladar, nos encontramos con una interesante y
bella formación de dunas estabilizadas, donde el Lentisco
y la Sabina cubren con sus entramadas ramas y raíces el ondulante
paisaje.
La
diferenciación de las características físicas
y de vegetación de ambos tipos de lagunas, también
conlleva la existencia de distintas composiciones faunísticas
en ellas. Así en los humedales profundos y poco salinos encontraremos
principalmente pájaros de carrizal (Carricero común,
Ruiseñor bastardo, etc...) y aves acuáticas flotadoras
(Zampullín chico, Anade azulón, Malvasía cabeciblanca,
Focha común). Mientras que en los someros y salinos, aves
estepáricas ligadas al saladar (Aguilucho cenizo, Alcaraván,
Terrera marismeña, etc...), así como especies asociadas
al medio que se alimentan andando, como el Flamenco común
(Chorlitejo patinegro, Cigüeñuela, Correlimo común).
Estas zonas son también utilizadas como reposada; violas
(Gaviotas patiamarilla, reidora o de Audouin). Otras especies faunísticas
de nuestros humedales son el Camarón, el Fartet (pez endémico
en peligro de extinción meridional), la Ranita meridional,
la Culebra de escalera y la Comadreja.
La
acción que el hombre ha llevado a cabo en las lagunas ha
sido de muy diversa índole y según la localidad. Mientras
que en las Albuferas de Adra, la utilización del suelo para
cultivos ha empobrecido la calidad ecológica del medio, en
la Cañada de las Norias, la extracción de tierra con
fines agrícolas ha dado origen al ecosistema, al superar
las excavaciones el nivel del acuífero local. Otros usos
antrópicos han sido los de utilización de zonas húmedas
someras (Salinas de Guardias Viejas y de Cerrillos) como salinas
industriales, donde la tradicional extracción de sal marina
se ha desarrollado desde la época fenicia hasta el presente
siglo.
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La
Ruta |
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Con
la realización de un recorrido diseñado a lo largo
del Poniente Alménense, tendremos la ocasión de conocer
las distintas localidades húmedas de la región.
Comenzamos
nuestro viaje en la Reserva Natural de las Albuferas de Adra, donde,
si bajamos a la caseta de observación (a la altura del punto
situado entre los kilómetros 395 y 396 de la N-340), previa
obtención de premiso oficial de visita, tendremos una visión
completa del entorno.
Continuando
por la carretera nacional en dirección a El Ejido, llegamos
a Balanegra, donde nos desviamos por la comarcal que nos conduce
a Balerma, ya en el término municipal de El Ejido. Si atravesamos
el núcleo urbano, discurrimos por la carretera, paralela
a la costa, que nos lleva a la barriada de Guardias Viejas. Al pasar
las últimas casas de la localidad, y antes de llegar al camping
Mar Azul, nos encontramos con el segundo humedal de nuestra ruta,
ubicado en la trasplaya de la Ensenada de San Miguel. Se trata de
las Salinas de Guardias Viejas. Efectuamos una parada para contemplarlas
junto a unas ruinas abandonas de la antigua factoría salinera,
cercanas a las balsas romanas de salazón.
Siguiendo
por la vía costera, tomamos e! desvío de la misma
que hace esquina con el camping Mar Azul en dirección norte.
Este camino nos lleva, en ascenso, hasta una llanura superior, desde
cuyos bordes, o Alcores, se obtiene una vista panorámica
de las salinas y su entorno.
Una
vez nos ponemos nuevamente en ruta, accedemos a la intersección
con una comarcal (en el tramo Matagorda-Almerimar), que la cogemos
en dirección Este hasta llegar a una rotonda. Rodeando a
la misma y siguiendo en la misma dirección, dejamos la carretera
para asomarnos nuevamente a los Alcores, esta vez situados sobre
los Charcones de Entinas. Desde aquí contemplamos la bella
imagen que se nos aparece frente a nuestros ojos: una singular Reserva
Natural entre charcas y dunas.
Procediendo
nuevamente a la consecución de! recorrido, siempre en dirección
a Roquetas de Mar, volvemos a desviarnos, esta vez por la vía
que nos conduce al Faro de Punta Sabinar, donde realizamos una nueva
parada para descubrir los característicos elementos de su
comunidad dunar.
Volviendo
otra vez a la carretera costera, seguimos en dirección Este
bordeando las Salinas de Cerrillos hasta su extremo de levante.
Al final de las mismas y tras coger un camino que nos conduce a
la playa, realizamos una parada para visualizar una perspectiva
del Paraje Natural salinero. Al otro lado del camino tenemos la
ocasión de acercarnos a unas charcas de origen artificial
donde diversas especies de aves acuáticas, acostumbradas
a la presencia humana, pueden observarse muy de cerca.
Tomando a continuación
por la carretera de la Mojonera que nos conduce a El Ejido, llegamos,
poco antes de la barriada de Las Norias, a la última de nuestras
zonas húmedas a visitar, hablamos de la Cañada de las
Norias. En ella y mediante varias paradas podemos contemplar su singular
composición ecológica, finalizando de esta forma el
itinerario por los humedales de la comarca.
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Ficha
Técnica |
1.
Época recomendable de visita: Todo el año.
2. Kilómetros del recorrido: 50.
3. Duración del recorrido: Jornada completa.
4. Medio(s) de locomoción: Con automóvil y a pie.
5. Calzado y ropa recomendables: Sin especificar.
6. Otras recomendaciones: Es obligatorio obtener permiso de visita
de la Consejería de Medio Ambiente (Junta de Andalucía).
También, para la Cañada de las Norias, es necesario
avisar a SEO/Bird Life (Ctra. De Húmera, 63-1, E-28224 Pozuelo,
Madrid, telf.: 91 3 511 045
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